Salte la navegación

Cuando un libro me gusta se genera entre él y yo un vínculo inseparable e irrompible.  Un sentimiento de posesión obsesiva y egoísta me invade en relación a dicho libro – objeto y contenido – al punto que no concibo volver a leer o comprar la historia en otra edición, con otra carátula, o con otro grosor.  Es ése o ninguno.  Lo mismo sucede cuando de una de estas historias predilectas se hace una película, especialmente una producida en la “East Coast” del país de las hamburguesas – y de muchas otras cosas más por supuesto.  No recuerdo haber visto una película hollywoodense que le haga mérito a la historia original de un libro que me haya impactado.  Y muy pocas son las veces en que los cineastas de ese lado del Pacífico han podido reproducir con igual sensibilidad y mínimo gusto cinematográfico alguna buena película europea o de otros lugares más lejanos.  Sin embargo, he visto muchas buenas películas producidas en Hollywood que son basadas en libros desconocidos para mí, y que quizá nunca llegue a leer, y es probablemente por esa razón por la cual considero estas películas como muy buenas.

Hace algunos años vi “Las Horas”.  La película narra la historia de tres mujeres en tres tiempos distintos en el siglo XX. Virginia Woolf – representada por Nicole Kidman -, Laura – Juianne Moore -, quien lee “Mrs. Dalloway” en los años 50 y es afectada por una terrible depresión que la hace abandonar su familia, incluido su pequeño hijo Richard, y Clarissa – Meryl Streep -, íntima amiga de Richard en los 90 y quien reencarna al personaje de Mrs. Dalloway, Clarissa Dalloway, alternan sus historias sobre una edición finamente acabada que está apoyada por precisos silencios y geniales piezas musicales de Phillip Glass.  Cuando la película acabó y las luces se encendieron en el cine, yo estaba en trance.  No podía creer lo que acaba de ver.  Rara vez una película me había dejado tan deliciosamente abatido.  Pasaron varios minutos antes de que pudiera mirar a otro lado que no sea la pantalla, en la cual los créditos subían y desaparecían en la parte superior del ecran, al compás de los arpeggios clásicos de Glass.

Por mucho tiempo creí que Stephen Daldry, el director de la película, era un genio consumado, un nuevo paradigma en lo que a cine norteamericano se refiere.  La película ganó el Globo de Oro a la mejor película del 2003, y Kidman ganó cuanto premio se entregó a mejor actriz en dicho año.  Daldry, para mi sorpresa e indignación, no ganó nada y quedó como un olvidable nominado, es decir, un perdedor.

Un año después compré el libro. Fue por coincidencia en California, la tierra del cine norteamericano.  Lo hice sin mucho convencimiento.  La portada del libro era el póster de la película, con las tres mujeres mirando al frente, y la edición era en papel de baja calidad, lo cual me advertía de un librito best seller sin mucho valor, al cual un prolífico director de cine logró convertir en una extraordinaria cinta. Su autor, Michael Cunningham, había ganado el Pulitzer en 1999 con esta novela.  Pero éste era un premio a la novela norteamericana, a la cual le tengo siempre un injustificable desprecio.  Así que sin mucho entusiasmo cargué con el librillo, junto con otras cinco novelas que figuraban más arriba que “Las Horas” en mi ránking de novelas compradas en los últimos 30 minutos.

Abordé el avión de regreso a Sao Paulo.  Me esperaba un largo viaje.  Pero era de noche, y viajaba en business, así que, como muchas otras veces, tomaría el vinito, comería la cena, leería unas cuantas páginas de alguno de los libros recién comprados y dormiría como un lirón, hasta que la azafata nos despertara a la mañana siguiente para servirnos el desayuno, anunciando la inminente llegada a mi – en ese entonces – ciudad de residencia.

No sé que me llevó a coger “Las Horas”.  Seguro pensé en que luego de leer unas cuantas páginas ésta lograría el efecto de adormecerme para disfrutar en sueños del largo viaje.  A mi lado, en el asiento de ventana, viajaba un señor de unos cuarenta años, bajito, con cara de italiano rudo, barba a medio crecer y pelo cortado al rape.  No me saludó ni me dirigió la mirada, y el hombrecillo se durmió poco después de despegar.  Comencé a leer esperando que me sirvan la cena.  Al llegar ésta no pude dejar el libro, como normalmente lo hacía en los vuelos.  No me acuerdo si comí, o cuánto comí.  Tampoco me acuerdo de si tomé vino o jugo, o cocacola.  No me acuerdo en qué momento me retiraron la bandeja de la cena.  No me acuerdo de ningún detalle de ese vuelo.  Sólo me acuerdo de dos cosas: la primera, el italiano despertando cada dos horas, mirándome con susto y sorpresa al ver que, mientras todos dormían, yo seguía leyendo como poseso, sin siquiera pararme para ir al baño; y la segunda, yo, a pocos minutos de aterrizar, mirando la pared beige que tenía al frente – estaba en la primera fila del avión – con la misma expresión y el mismo ensimismamiento que tuve cuando terminé de ver la película “Las Horas”, un año atrás.  Pero algo había de diferente.  Cierta desilusión me había embargado en relación a Mr. Daldry.  Había descubierto que el director de “Las Horas” no tenía mucho mérito respecto a la perfección y belleza de la película.  Él simplemente había puesto en film lo que estaba ya escrito en las páginas del libro de Mr. Cunningham.  La edición, la superposición de las tres historias, la cadencia, los silencios, todo estaba en el libro.  Creo que hasta la música de Glass estaba de alguna manera presente en esas páginas.  El libro era una obra maestra de la literatura y uno de los mejor guiones de cine que jamás había visto – “1900, la historia del pianista en el océano”, de Baricco, está en la misma categoría.  La tuvo fácil Mr. Daldry.  En todo caso mérito al director por respetar y preservar lo que no puede ser mejorado, y por dejar a un lado las pretenciones de ser un innovador, para permitirnos – a mí especialmente – descubrir a un gran escritor a través de una película monumental.

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.