Desde hace pocas semanas decidí tomarme más en serio esto del Blog.  Reconozco que mi disciplina narrativa es muy débil, y eso ha hecho que, en un año, mi producción “postera” sea insignificante.  Muero de envidia cuando leo blogs en los que figuran listados interminables de posts, menúes de relatos que se desbordan por su cantidad, y pienso cuánto me gustaría tener esa voluntad por la escritura.  Pero mucho ha cambiado en mi vida desde que nacieron mis hijas, y mi ya escasa voluntad creativa se vio reducida a su mínima expresión desde que empezaron a brillar estas dos luces de carne y hueso que me roban el sueño y me embargan el tiempo “libre” (esta última frase me hace pensar en un post al respecto BTW).  A pesar de las obvias limitaciones de tiempo que la paternidad (responsable) impone, he logrado pues hacerme de un tiempo en la noche en la que, metódicamente, visito espacios de gente totalmente desconocida dispuestas a hacerse conocer por medio de sus relatos.  Este nuevo mundo recién descubierto me enceguece y perturba de manera deliciosa.  Tiene un cierto morbo, como el que uno experimenta cuando chatea con un desconocido, y me excita al punto de frustarme cuando no leo algo nuevo de alguien de quien lo espero, o un comentario no llegó, o simplemente nadie se manifestó:  es como un coitus interruptus.  El anonimato relativo del blog suaviza nuestras restricciones y nos ayuda a expresar nuestros pensamientos, emociones y sensaciones sin demasiada aprehensión.  Nuestra elocuencia se ve así fortificada con coloridas dosis de libertad y versatilidad.  Una misma persona puede contarnos de un sueño, criticar un libro, hacer una lista de canciones, contarnos un cuento o hasta demandar a alguien sin dejar de ser él o ella misma, y sin tener que cambiar de blog.  Porque el blog es como somos:  nos movemos por el mundo en varios canales, somos uno y muchos al mismo tiempo, somos rojo cereza en la mañana y gris niebla limeña en la tarde, hablamos metálicamente a unos y azucaramos con palabras redondeadas a otros, y todo esto recoge el blog.

Hace tres días le pedí a un gran amigo, bloggero conspicuo, que me llevara a una de sus reuniones de bloggers.  Ahora pienso si es buena idea hacerlo o corro el riesgo de quebrar la magia hasta hoy apabullante de esta aventura.  No quiero que la excitación que me invade cuando me siento a bloggear se desvanezca al enfrentarme a las carnes, voces y gestos de estos seres mágicos que he conocido aquí.  No lo he decidido aun, y esta diatriba es la que me genera aun más ebullición interna, y eso me calienta y cautiva.

Un Comentario

  1. Amigo mio, el participar o no en una reuna es un tema de momento, cuando recién empecé en este “negocio” el anonimato era lo mas preciado, con el tiempo la curiosidad por conocer a aquellos que me daban tanto con sus relatos maduró y me llevo a tomar la determinación de conocerlos.

    El tiempo correcto ha de llegar y lo tendrás claro, desde ya estás invitado a participar de cualquier evento en el que yo esté presente o no, claro que involucre actividad bloggeril.

    Nos leemos.


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