Hoy fui a la clínica a visitar a una pareja de amigos que tuvieron su segundo hijo el miércoles pasado. Cuando me contaban sobre la agonía del parto: ella con fiebre mientras las contracciones se hacían insufribles, la bebe que corría peligro, una posible infección que no se detectaba, etc., no podía dejar de pensar en lo incoherente que resulta el ser recién nacido.
El recién nacido no es sino el reflejo de lo que es el mundo real: puro sufrimiento, sacrificio, fragilidad, sufrimiento de otros, inutilidad, dependencia absoluta, incomunicación, etc. Muchos sostienen que el mundo no es un buen lugar debido al hombre. Salvo que algún lector veterinario o zootecnista pueda corregirme, no conozco especie alguna que cuando recién nacido sea tan, pero tan inutil y dependiente como el ser humano. Pero no sólo es cuando recién nace, no. El ser humano es capaz, en situación normal, de infringir un sufrimiento atroz a su gestadora en los primeros meses, es decir, cuando todo debería ser felicidad plena por la buena nueva. Ya en el parto, la situación es caótica, y las madres deben parir con su obligada dosis de epidural o, en caso contrario, con un bozal para que el resto del nosocomio no se vuelva un manicomio. Y hasta aquí, todo esto es producto de la acción de una pequeña criatura de unos cincuenta centímetros no más. Ya en calidad de recién nacido, la fragilidad llega a tal punto que debe ser vestido y, muchas veces, puesto en incubadora. Han visto alguna vez un bebe que busque su alimento, osea la teta de mamá, sin que esté a dos centímetros de ella? Han visto a un bebé que pueda moverse hacia adelante o hacia atrás en sus primeros días de vida?. Los recién nacidos no hacen eso. No se sientan, menos se paran, no pueden ni arrastrarse para procurar su leche tibia en el pecho materno. No pueden comunicarse de ningún modo. Su vista es débil, sólo saben chillar y hay que ser adivino para saber lo que quieren.
Entonces, no es de extrañar que el mundo esté patas arriba, ya que es el ser humano el que lo gerencia. El ser humano que hizo sufrir, nació sufriendo, acumulando los recuerdos de su carencia y dependencia en lo más profundo de su cerebro. Su inutilidad precoz está presente en sus actos de madurez. Su falta de conciencia, su egoismo y su fragilidad son los primeros acontecimientos de su vida, y eso no se olvida, aunque no lo recordemos concientemente. Nacimos sabiendo que no podíamos comunicarnos, y eso tampoco se olvida, por eso nos cuesta tanto de adultos.
Miraba a mis amigos mientras me contaban como habían sufrido, ambos, con este nacimiento de su segundo hijo, y no podía dejar de pensar por qué la vida no tiene otras reglas: padres felices, plenos de energía, reciben a sus hijos quienes traen ya habilidades básicas de subsistencia, con la capacidad mínima de establecer una comunicación con el mundo. Hijos con autonomía fisiológica, con una salud inquebrantable como la de cualquier recién nacido (en este mundo nuevo me refiero), que puedan contribuir con el mundo en forma inmediata y no esperar dieciseis años para decidirse cómo hacerlo.
Alguna duda sobre por qué la cagamos, con el mundo?
2 Comentarios
Todo el proceso es un parto, creo que la vida en si misma es un parto constante, nacemos cada día cuando vencemos a la noche.
Es duro pero es, y cada caricia así como cada carencia nos hace parte de lo que somos.
Nos leemos.
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